Conforme leemos hebreos 11, el capítulo de la fe, descubrimos a
hombres y mujeres recordados por lo que hicieron por fe. De esta forma
descubrimos que la fe es más que un sentimiento, una teoría o una
doctrina, ¡es acción! Si tienes fe actúas, convencido de que Dios quiere
usarte. Noé tardó más de cien años en construir el arca. Piénsalo,
soportar la burla durante tanto tiempo, seguramente requirió muchísima
fe. Imagínalo serruchando y que sus amigos se le acercaran: “¿Qué
haces?” “Construyo un arca” “Qué es un arca?” “Es un inmenso bote que
flota” “Y ¿por qué lo construyes?” “Porque todos morirán y Dios me ha
dicho que me salvará” Ufff, dar esas explicaciones durante tanto tiempo,
solamente puede ser un acto de fe. Así que el capítulo de Hebreos 11
nos enseña que la fe es acción.
Hebreos 11: 32-34 dice: ¿Y qué más
digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de
Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; que
por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas,
taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de
espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas,
pusieron en fuga ejércitos extranjeros.
Además, la fe es no la ausencia de temor, sino la respuesta de Dios a
lo que nos atemoriza para que tengamos valor y fortaleza. Tal vez te
mueres de miedo, pero si Dios está contigo, nadie podrá contra ti, así
que debes dar el salto de fe. Yo le tengo pánico a las alturas. Pero
cuando fui bautizado en el Espíritu Santo, leí que Dios no nos ha dado
un espíritu de temor, sino de valor y dominio propio. Entonces, pensé:
“Si Dios no me dio ese temor, ¿quién me lo dio?” Y me sorprendí de la
posible respuesta, por lo que me propuse que ningún temor controlaría mi
vida. Así que decidí saltar de un avión. La primera vez, debes hacerlo
acompañado por alguien más. La persona que saltaría conmigo me pedía que
pusiera el pie sobre una pequeña grada a la orilla de avión, dudé y
dudé, todo dentro de mí decía: “no lo hagas, no vale la pena, que se
queden con el dinero”, pero el hombre que me sujetaba por la espalda me
decía: “¡Tú puedes!” Finalmente, di el paso y lo próximo que recuerdo es
que volaba por los aires. Al instante, mi rostro cambió porque ¡era
genial!
Sé que hay cosas que te dan pánico, tal vez ir al grupo de jóvenes,
ser rechazado, quedarte solo. Así funciona el diablo, quiere mantenerte
dentro del avión. Pero te aseguro que al saltar, todo el temor se
convierte en gozo y entusiasmo. Si quieres experimentar lo sobrenatural
del amor de Dios, debes saltar, atreverte, ir detrás de aquello que el
diablo quiere que temas. Jesús te anima a que te lances en fe porque Él
está contigo, te sujeta y no te dejará caer. Vale la pena asumir el
reto. Yo prefiero volar con Jesús y poner mi vida en riesgo en
obediencia a Él que seguir en lo mismo, no construir el arca, y perder
mi vida por miedo.
Jueces 6:1-6 relata:
Los hijos de Israel
hicieron lo malo ante los ojos de Jehová; y Jehová los entregó en mano
de Madián por siete años. Y la mano de Madián prevaleció contra Israel. Y
los hijos de Israel, por causa de los madianitas, se hicieron cuevas en
los montes, y cavernas, y lugares fortificados. Pues sucedía que cuando
Israel había sembrado, subían los madianitas y amalecitas y los hijos
del oriente contra ellos; subían y los atacaban. Y acampando contra
ellos destruían los frutos de la tierra, hasta llegar a Gaza; y no
dejaban qué comer en Israel, ni ovejas, ni bueyes, ni asnos. Porque
subían ellos y sus ganados, y venían con sus tiendas en grande multitud
como langostas; ellos y sus camellos eran innumerables; así venían a la
tierra para devastarla. De este modo empobrecía Israel en gran manera
por causa de Madián; y los hijos de Israel clamaron a Jehová.
Jueces 6: 11-16 continúa el relato:
Y vino el
ángel de Jehová, y se sentó debajo de la encina que está en Ofra, la
cual era de Joás abiezerita; y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo
en el lagar, para esconderlo de los madianitas. Y el ángel de Jehová se
le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y
valiente. Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con
nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas
sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos
sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha
entregado en mano de los madianitas. Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con
esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No
te envío yo? Entonces le respondió: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a
Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la
casa de mi padre. Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y
derrotarás a los madianitas como a un solo hombre.
Otro gran ejemplo de alguien que superó el temor por obra
del Señor es Gedeón. El pueblo de Israel se portó mal, por lo que Dios
removió Su mano de protección y los enemigos los atacaron. Les robaban
el alimento, así que los israelitas se quedaba sin nada que comer y
vivían en pobreza. Cada vez que llegaban los madianitas, los israelitas
se escondían. No hablamos de valientes guerreros, pero la Biblia cuenta
que Gedeón recibió la visita de un ángel porque fue escogido por Dios
para defender al pueblo. Este hombre estaba sacudiendo el trigo en el
lagar que es un gigantesco recipiente hecho de piedra donde las personas
machucaban las uvas para producir el vino, como no era temporada de
cosecha de uvas, allí estaba Gedeón, escondido con un poco de trigo que
seguro pensaba preparar para cocinar. Fue allí donde el ángel le dijo:
“El Señor está contigo, poderoso guerrero”. Esta es una de las
escrituras más divertidas que encuentro en la Biblia ya que realmente
Gedeón ¡era débil! El ángel lo llamó poderoso porque Dios ve en lo que
te convertirás, no lo que eres en este momento. Cuando Noé construyó el
arca por fe, actuó conforme a lo que Dios dijo que ocurriría, no lo que
ocurría en ese momento.
Tal vez te ves como Gedeón, débil y pequeño pero la Escritura dice
que Dios estará contigo. ¡Es hora de que tomes ese salto de fe! No más
excusas, deja de decir: “No sé qué decir, no sé qué hacer, soy muy
joven”. A los quince años mi pastor me dijo: “Quiero que empieces un
grupo, poderoso guerrero”. Yo me sentí justo a la orilla de ese abismo y
tuve miedo. Una tarde, el pastor anunció a la congregación: “Adam,
ponte de pie, él está iniciando un grupo, si quieren ir, Hablen luego
del servicio”. En menos de tres meses, tenía cincuenta jóvenes en mi
grupo y fue impresionante todo lo que logramos. Incluso íbamos a las
discotecas a predicar. Fue maravilloso lo que Dios hizo, todo por un
salto de fe.
Espero que comprendas que la emoción del verdadero cristianismo está
en lo sobrenatural, pero solo logramos verlo hasta que saltamos sin ver
atrás. El congreso Hechos se debe a que un gran líder de Dios, Cash
Luna, se decidió a iniciar una iglesia y asumió el reto de dar muchos
saltos de fe. ¿Has pensando quién está esperando que tú tomes tu salto
de fe y que le hables del Señor? Alguien está esperando que salgas y
prediques aunque otros se molesten. Atrévete a hablarle sobre Jesús a
tus amigos, a tus compañeros del colegio, incluso a ese grupo de jóvenes
que te atemorizan.
Yo puedo dar testimonio de lo que te digo. No me crié en un hogar
cristiano, sino en medio de la maldad. Nunca conocí a mi padre quien
embarazó a mi madre a los diez y seis años de edad. Crecí en medio de
drogas y violencia, pero Dios me rescató porque tenía una visión clara
para mi, debía dar testimonio de Su grandeza. Tu país no cambiará solo
porque asistas a la iglesia y adores al Señor. ¡Así no sucederá nada!
Los mareros no asomarán su cabeza entre las cortinas detrás del púlpito,
tú y yo debemos acercarnos a ellos y decirles que Cristo los ama.
¡Somos la respuesta a un mundo perdido! No tengas miedo, recuerda que
Jesús está sujetándote y no te dejará caer. Dile: “Te necesito, te amo,
no quiero vivir en temor, ayúdame”. Piensa en qué te mantiene dentro del
lagar, en el avión, a qué le tienes pánico y enfréntalo. Escucha, el
Señor te dice: “Estoy contigo poderoso guerrero, hijo elegido”.
¡Comprométete con Jesús ahora y atrévete a dar el salto de fe!